Dios no
mandará fuego.
Ni nos
acabará con diluvios bíblicos.
No habrán
terremotos de enormes magnitudes.
No, no habrá
nada de eso.
Dios nos
dejará aquí, en nuestra porquería.
Dejará que
nos destruyamos unos a otros.
Que acabemos
con todo.
Que arrasemos
con la bondad y comamos tierra, y nos bañemos en lodo, y lloremos por lo lejos
que las estrellas parecen estar.
Miraremos hacia
arriba sollozando, en medio de la contaminación.
De la pobreza. Del dolor
profundo del ser humano.
Tierra roja
será lo único visible en la distancia.
Rayos de fuego acabaran con nuestra piel
y nos quemaran hasta las cenizas.
Gemiremos,
buscando deidades, lloraremos, tratando de alcanzar la luz.
Nos destruiremos,
lentamente, poco a poco.
Regocijándonos
en los bienes materiales, acabando con lo verde y satisfaciéndonos en lo gris.
Al final,
seremos pequeñas mierdas con los ojos ciegos y los puños llenos de tierra.
Seremos pequeños
insectos, buscando la misericordia de dios.
Seremos nada,
cuando alguna vez fuimos todo.
Dios siempre
lo ha sabido.
Y ahora, lo
sabes tú.