miércoles, 16 de marzo de 2016

El fin del mundo.

Dios no mandará fuego.
Ni nos acabará con diluvios bíblicos.
No habrán terremotos de enormes magnitudes.
No, no habrá nada de eso.
Dios nos dejará aquí, en nuestra porquería.
Dejará que nos destruyamos unos a otros.
Que acabemos con todo.
Que arrasemos con la bondad y comamos tierra, y nos bañemos en lodo, y lloremos por lo lejos que las estrellas parecen estar.
Miraremos hacia arriba sollozando, en medio de la contaminación. 
De la pobreza. Del dolor profundo del ser humano.
Tierra roja será lo único visible en la distancia. 
Rayos de fuego acabaran con nuestra piel y nos quemaran hasta las cenizas.
Gemiremos, buscando deidades, lloraremos, tratando de alcanzar la luz.
Nos destruiremos, lentamente, poco a poco.
Regocijándonos en los bienes materiales, acabando con lo verde y satisfaciéndonos en lo gris.
Al final, seremos pequeñas mierdas con los ojos ciegos y los puños llenos de tierra.
Seremos pequeños insectos, buscando la misericordia de dios.
Seremos nada, cuando alguna vez fuimos todo.
Dios siempre lo ha sabido.

Y ahora, lo sabes tú.